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Se suspende la construcción de una represa gigantesca en la Amazonia Brasileña

Imagen de EFE

El proyecto de construcción de la represa hidroeléctrica de Belo Monte se inició en 1979, fue abandonada en la década de 1990, debido a protestas internacionales y nacionales, y se recuperó en el gobierno del presidente Lula Da Silva, en abril del año pasado.

Desde entonces ecologistas, campesinos e indígenas, han protestado por la construcción de lo que sería la tercera represa mayor del mundo, ya que temen por la degradación del río Xingú, uno de los principales afluentes del Amazonas, donde viven 372 especies de peces que estarían amenazadas de extinción por esta construcción.

Además de las posibles amenazas  al medioambiente, su construcción inundaría un área de 506 kilómetros cuadrados de selva y desplazaría a cerca de 50.000 indígenas y campesinos.

El pasado 26 de febrero un juez del Tribunal Federal del estado brasileño de Pará ordenó la suspensión de la licencia para la construcción de la represa. En el dictamen se prohíbe también la transferencia de fondos a las constructoras por parte del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), que aportará con el 80% de los recursos.

Según informó el juez Ronald Desterro, la licencia aprobada el 26 de enero por el Instituto Brasileño del Medio Ambiente (Ibama), se había concedido sin que se cumplan 29 condiciones, entre ellas las medidas para garantizar la navegabilidad de los ríos de la región, los programas de soporte para las localidades indígenas afectadas o los métodos para recuperar zonas degradadas, y sin que las constructoras aportaran información sobre otras 33 cuestiones.

El fiscal Felicio Pontes, promotor de la demanda, denunció: “En todas las etapas de la concesión de licencias, el Gobierno está faltando el respeto a la Constitución y a las leyes ambientales, con la ayuda del Ibama, que se ha convertido en un órgano técnico que cede a las presiones políticas”,

Eletrobras, una constructora estatal que forma parte del proyecto, calcula que el volumen ideal de agua que debe pasar por segundo, para evitar grandes daños al medioambiente, debería ser de 4.000 metros cúbicos por segundo, la mitad de lo que propone el Ibama.

Fuente: efeverde.com             

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