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Malezas comestibles, para aprender y conocer

Foto: Fao.

El pasado viernes 13 de agosto, salió publicado en La Nación un artículo muy interesante en el que se presenta al doctor Eduardo Rapoport, biólogo e investigador de la Universidad Nacional del Comahue y del Conicet, quien asegura que existen cientos de malezas comestibles en Argentina que aún no son aprovechadas.

En su libro Malezas comestibles del Cono Sur y otras partes del planeta, publicado por el INTA y escrito de la mano de Ángel Marzocca y Bárbara Drausal, el científico detalla e ilustra 237 especies que se desarrollan en Argentina, algunas incluso más ricas y nutritivas que la ínfima variedad que estamos habituados a consumir.

En este sentido, Rapoport explicó que “se sabe que muchas de las plantas que hoy comemos comenzaron siendo consideradas malezas: por ejemplo, la avena fue originalmente una maleza de los trigales hasta que se hizo tan abundante que el ser humano se dio cuenta de que, en lugar de eliminarla, era mejor cultivarla. Aunque incluimos sólo un puñado en nuestra dieta, se calcula que habría 20 o 25.000 plantas comestibles”.

Al parecer, la mayoría de estas especies, provienen del continente europeo. “Los españoles diseminaron sin quererlo las malezas en sus colonias. Las trajeron en las ropas, en los bultos, en las maletas. Ahora las llevamos en barco o en avión”, recalcó el biólogo.

Ahora bien, es curiosa la manera en la que el investigador y sus colegas han trabajado en estos años para descubrir cuáles son las malezas comestibles que habitan Argentina; ante la presencia de una especie o género conocido pero que nunca fue probado, “con un poquito de cuidado -contó Rapoport-, probamos uno o dos pedacitos y nos fijamos si después de dos o tres horas no tenemos dolor de barriga. Después, probamos otros dos pedacitos más, y si a lo largo de un día uno no nota nada raro, lo anota. Entonces ahí hace una ensaladita y se la come. Y si no pasa nada, se invita a la familia.”

Ante este panorama, Rapoport hace un llamado de atención, afirmando que el hambre que se sufre en muchas partes de Argentina y de América, es inadmisible. La cantidad de yuyos comestibles que pueden ser consumidos es fenomenal y, por lo general, muchos de ellos terminan siendo desechados en cultivos y jardines, por desconocimiento.

El libro Malezas comestibles del Cono Sur y otras partes del planeta cuesta alrededor de 60$ (pesos argentinos) y puede conseguirse en la librería del INTA, en la calle Chile 460, Buenos Aires, Argentina.

Vía: La Nación.

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