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Programa ecológico busca reducir consumo de fundas plásticos en Bangkok

El plástico, que tan confortable ha hecho innumerables quehaceres cotidianos, se convierte ahora en un problema para las autoridades de Bangkok, que han decidido poner freno al uso desbocado de bolsitas apelando a lo más sensible para sus ciudadanos: la cartera.

Ante las 600.000 bolsas que se reparten a diario en la capital tailandesa, la Autoridad Metropolitana de Bangkok (BMA) ha puesto en marcha una campaña para incentivar el uso de materiales alternativos ofreciendo descuentos y amenazando con una eventual subida de impuestos.

Bajo el eslogan “No bag, no bat” (No bolsa, no dinero), la iniciativa se puso en marcha en los nueve mercados municipales donde se ofrecen descuentos de 1 bat (0,03 dólares ó 0,02 euros) por cada 100 de compra a los clientes que traen de casa sus propias bolsas.

Si el cliente pide una, el comerciante le cobra 1 bat.
No se trata de ninguna campaña de limpieza de la cual se encargan decenas de brigadas de barrenderos que mantienen impolutas las calles más concurridas de la ciudad.

La excusa es la protección del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático, aunque detrás están los 600 millones de bat (18,5 millones de dólares ó 14,7 millones de euros) que la BMA se gasta cada año en la gestión de estos residuos.

De las 10.000 toneladas de basura que genera cada día Bangkok, 1.800 proceden de bolsas de plástico, cuyo uso aumenta un 20 por ciento cada año.

Varias cadenas comerciales se han unido al proyecto que se ensayó por primera vez en 2009 y que en un mes consiguió que se utilizaran 4,4 millones de unidades menos.

Cambiar los hábitos no va a ser nada fácil en una población que demuestra una especial predilección por envolver cualquier compra en en recipientes de tan incorruptible material.

Pulseras, zapatos, ofrendas budistas o fundas para teléfono móvil se despachan con su envoltorio plastificado y la bolsita de rigor.

Donde más se aprecia este furor es en los centenares de puestos de comida que colonizan las calles de esta ciudad de unos nueve millones de habitantes.Un hambriento cliente pide en uno de ellos pollo al curry que el tendero mete en una bolsita; una ración de arroz, en otra; salsa picante, en una tercera; unos picatostes fritos, algo de fruta y una penúltima saca en la que vacía un refresco con hielo. La última, más grande, sirve para llevarse el menú completo a casa.

“Es más fácil y práctico. Además, tampoco tenemos ninguna alternativa ni nos han enseñado a cambiar. Podríamos utilizar hojas de banana como se hacía antes pero nos saldría mucho más caro”, dice Ukrin Sungpard, que regenta un puesto de comida en el mercado de On Nut.

Ukrin, que utiliza cada día unas 500 bolsitas que le cuestan 80 bat, asegura que “todo el mundo quiere plástico. Siempre te piden que les des una bolsa más”.

Según un estudio, Tailandia recupera apenas una cuarta parte de los desechos de plástico mientras sólo el 35 por ciento de los residuos que genera Bangkok se gestionan adecuadamente más allá de quedar abandonados en la intemperie de algún vertedero.

“Al final del día, llevo toda la basura al punto donde la recogen los de la limpieza, todo metido en una de esas bolsas grandes de plástico negras”, concluye Ukrin.

Fuente: El Universo

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