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Bolsas plásticas: ¿no tan malas como se pensaba?

Como sabemos las bolsas plásticas no son inofensivas, están fabricadas fundamentalmente a partir de petróleo y gas y tardan cerca de 100 años en deshacerse en pequeñas partículas tóxicas.

Sin embargo en el libro “¿Cuán malas son las bananas? El costo de las emisiones de todo”, escrito por Mike Berners-Lee, nos dice que las bolsas de plástico no son tan malas como se piensa, ya que su emisión de gases de carbono es de 10grs por bolsa.

En el artículo de la BBC (donde hablan de este libro), nos dicen que deberíamos “dejar de preocuparnos al extremo sobre ciertos productos o actividades que no son tan malas como se pensaba”…  

¿Cómo pueden decir que debemos dejar de preocuparnos solo porque no son TAN MALAS como se pensaba? El hecho de que no sean TAN malas, no significa que no lo sean, por lo que debemos seguir buscando siempre alternativas amigables con el medio ambiente, no nos dejemos convencer por los conformistas.

Las bolsas de plástico siguen siendo un  problema!

El autor de este libro no toma en cuenta que cada minuto se consume en el mundo, un millón de bolsas plásticas causando un impacto ambiental no cuantificado. El mar se ha inundado de estos desechos, cubriendo miles de kilómetros de su fondo, atacando a los corales y arrecifes, puesto que les impide su normal desarrollo. Los ríos las arrastran en sus aguas, dejando en su camino similares daños a la biodiversidad.

En las ciudades de todo el mundo, el uso promedio que les damos no sobrepasa los 20 minutos mientras que pueden permanecer estables por 100 años antes de su degradación.

Así, hoy por hoy, las bolsas plásticas se dispersan en campos y sembradíos, en algunos lugares se han convertido en parte del paisaje; quedan atrapadas en las malezas, en riberas de ríos y afluentes. En las ciudades obstruyen desagües y canales, provocando filtraciones y debilitando terrenos. Atrapan animales asfixiándolos. Otros, al tragarlas, obstruyen sus intestinos y pueden morir por hemorragias, rompiendo por ende la cadena alimenticia. Finalmente, las bolsas que son incineradas, expulsan tóxicos y venenos al aire.

Esto no se trata solo de las emisiones de carbono, sino del impacto global de este producto. Es indignante el hecho de que se desmerezca el valor que tiene el no utilizar bolsas de plástico para ayudar al medio ambiente.

En el mismo artículo, se publicó una lista (sacada del libro), de la huella de carbono de algunos productos, esta es la lista:

 1. Bolsas plásticas – Son malas en muchos sentidos: usamos muchas, ensucian las calles, invaden ecosistemas y provocan daños en la vida silvestre. Sin embargo, si terminas con algunas de ellas en tus manos cuando vuelves de hacer las compras, las posibilidades son sólo de que la bolsa represente el equivalente a 10 gramos de dióxido de carbono (CO2e) y que la mayor parte, corresponda al contenido de la bolsa.

2. Secadores de mano eléctricos– Son incluso mejores que las toallas porque ahorran la energía que se consumiría lavándolas y producen entre 3 y 20 gr. de CO2e por uso. La huella de carbono se compensa con reducción en el uso de los servicios médicos, ya que al no utilizar una toalla que puede estar contaminada por gérmenes, corremos menos riesgos de contagiarnos de algo.

3. Taza de té o café – A 20 gr. de CO2e por taza de agua caliente (calentada en una tetera eléctrica) no hace falta privarnos del lujo de una taza de café, té o chocolate caliente. Lo mejor es calentar sólo la cantidad necesaria. Lo cierto es que agregarle leche al té o al café, duplica la huella de carbono de la bebida, pero si eso es un gusto que te hace feliz, disfrútalo sin culpa.

4. Manzanas importadas que han viajado al menos 18.000 kilómetros – Tomemos como ejemplo las manzanas que llegan al Reino Unido desde Nueva Zelanda. Si bien llegan desde el otro lado del mundo, la manzana es un alimento cuya huella de carbono es baja y, además son un alimento sano. El punto es que viajan en barco, lo cual es cien veces mejor que un avión. Una manzana de Nueva Zelanda consumida en el Reino Unido genera 100 gr. de CO2e. Lo mismo sucede con las naranjas o las bananas. Por supuesto, consumir manzanas de estación y locales es mejor.

5. Mirar televisión – Es una de las actividades de ocio que menos CO2e genera. Estar una hora frente a una pantalla de plasma de 1 metro, equivale a un viaje de 1,5 km. en un carro eficiente (220 gr. de CO2e). Si miras televisión en una pantalla chica es mejor, y aún mejor si miras junto a tus amigos o en familia.

6. Leer un libro – Genera cerca de 1 kilo de CO2e, la misma huella de carbono que conducir un automóvil relativamente eficiente por 3 km. Si bien producir papel requiere una gran cantidad de energía, leer durante las vacaciones, por ejemplo, te mantiene ocupado por horas y hace que uno no dedique tiempo a otras actividades que son más intensivas desde el punto de vista de emisiones de carbono, especialmente las que involucran el uso del auto. Lo ideal, sería pasarle el libro a otra persona una vez que lo termines.

7. Beber una buena botella de vino – Produce cerca de 1 Kg. de CO2e. Aunque consumas tres botellas por semana, el impacto será de cerca del 1% de la huella anual típica (de un ciudadano británico), que es de 15 toneladas. Para reducir esto a la mitad, sin comprometer la calidad del vino, lo mejor es comprarlo en envases de cartón. El vino es pesado para transportar, por eso es mejor consumir el que viene de regiones más cercanas.

8. Cremación – Se estima que este método representa menos de la diezmilésima parte de la huella de carbono de una persona durante toda su vida, con 80 kilos de CO2e. En esta ocasión, dese el gusto de despedirse de este mundo como mejor le parezca.

9. Año sabático – Un año sin trabajar, viajando, no suena bien. Sin embargo, no es necesariamente malo. Siempre y cuando uno viaje con un presupuesto limitado, comprando sólo lo necesario y desperdiciando casi nada, lo cual suele suceder, sencillamente, porque uno no se puede dar el lujo en un viaje así de gastar mucho dinero. Lo que aumenta enormemente la huella de carbono son los vuelos. Unas 5 toneladas de CO2e te pueden llevar por el mundo en clase económica, parando en algunos lugares claves.

10. Quedarse con un carro viejo – No es mala idea. Un auto nuevo tiene una huella de carbono de entre seis toneladas (un Citroen C1) y 35 toneladas (un Landrover Discovery, digamos). Por eso, si tu carro viejo está en buenas condiciones, es confiable y no tiene demasiado kilometraje, la mejor opción desde el punto de vista de las emisiones es conservarlo. Si lo que te hace falta es un nuevo símbolo de estatus, invierte el dinero que te sobra en paneles solares o en una turbina de viento.

Estos consejos, como todos los que lees en esta y otras páginas, son útiles, pero está en ti el investigar, el informarte de todo el impacto que tienen los productos que consumes, no solo en sus emisiones de CO2, sino en todo, y tomar la decisión correcta que ayude al planeta. Tus acciones, cada una, cuentan, aunque no parezcan mucho… 

Me encantaría conocer tu opinión acerca de este tema, por favor déjame tus comentarios 🙂

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