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El cocodrilo del Orinoco, especie en peligro salvada por el marketing

A inicios de mayo, el empresario textil Michel Lacoste, hijo del fundador de la famosa marca del cocodrilo viajó para conocer este reptil, criado en cautiverio en Colombia, uno de los 10 países del mundo con la mayor biodiversidad.

El cocodrilo del Orinoco -cuenca del río del mismo nombre que atraviesa Venezuela y Colombia- es una especie símbolo de este país. 

El impresionante tamaño de este carnívoro con 68 dientes, piel gris o amarillenta -puede medir hasta siete metros– sus rugidos y su carácter agresivo asustan a los pobladores, pero su sobrevivencia es indispensable.

“Encabeza la cadena tópica” del ecosistema del río del Orinoco y de sus afluentes, explica Willington Martínez, especialista en el reptil: “es el más grande depredador” y regula también la abundancia de muchas especies, especialmente de anfibios y de caimanes más pequeños. “Cuando está en los ríos hay mas peces”.

A inicios de la década de 1960, todavía eran numerosos y apreciados por las marroquinerías por su piel suave. “A principios de los sesenta se vendían hasta mil pieles diarias” en Colombia, indica este científico de la Estación de biología tropical Roberto Franco de Villavicencio (Meta), que se ocupa de la preservación de esta especie.

Pero los especímenes en libertad son raros, luego de años de caza intensiva, prohibida en 1968, y de deforestación.

Según un estudio del año 2000, solo un centenar de estos cocodrilos pudieron ser observados, explica Antonio Castro, coordinador en Colombia de Chelonia, ONG española que intenta hacer un censo de esta población, colocada en la lista roja de especies en grave peligro de extinción por la Unión internacional para la conservación de la naturaleza (UICN).

Desde inicios de la década de 1990 diez parejas dieron a luz, en cautiverio, a unos 500 especímenes que la estación Roberto Franco intentará reintroducir en su hábitat natural.

Una ocasión perfecta aprovechada por Save your logo, fondo de asignación para la biodiversidad creado en Francia y que propone a las grandes marcas comprometerse con el animal que aparece en su logo.

Lacoste fue el primero en ser seducido por Save your Logo, financiando a Chelonia con 150.000 euros en tres años, para hacer un censo sobre los cocodrilos del Orinoco.

“El cocodrilo (…) era el sobrenombre de mi padre (Rene Lacoste) cuando jugaba al tenis, y si podemos devolverle un poco al cocodrilo de todo lo que nos aportó, sería una pena no aprovechar la oportunidad“, manifestó Michel Lacoste.

Lacoste asegura que no se trata de usar esto como “soporte de comunicación” de su marca, sino de hacer gala de “responsabilidad ciudadana”.

Una vez terminado el estudio, los científicos tendrán que convencer a los habitantes del Orinoco a aceptar el regreso de estos reptiles.

“La gente los sigue viendo como una amenaza. Cuentan que los crocodilos persiguen sus embarcaciones”, explica Willington Martinez. Habrá que “educarlos” para explicarles que se trata de hembras que protegen su territorio y que “en general no atacan”.

Chelonia espera también que su reintroducción cree trabajo para los pescadores, al enriquecer la fauna de la región, y atraiga a los fanáticos del ecoturismo.

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