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Construcción Ecológica:LA BASURA DE UN HOMBRE ES LA CASA DE OTRO

Entre las estructuras tradicionales de ladrillo y tablones de madera que bordean las calles en esta adormilada ciudad del este de Texas, 110 kilómetros al norte de Houston, destacan unas cuantas casas: Sus techos están hechos de placas de autos, y sus ventanas de platos de cristal.


Son creaciones de Dan Phillips, de 64 años de edad, quien ha tenido una vida asombrosamente variada. Hace unos 12 años, Phillips empezó su profesión más reciente: la construcción de casas de bajo costo hechas de basura.

En 1997, Phillips hipotecó su casa para iniciar su compañía de construcción, Phoenix Commotion. “Mire a los niños que juegan con bloques”, dijo.

“Pienso que está en el ADN de todos querer ser constructor”. Además, dijo, le perturbaba la ironía de depósitos de basura atestados de materiales de construcción y sin embargo tener una escasez de viviendas baratas.

Para él, casi cualquier cosa desechada y durable es un material de construcción potencial. De pie en una de sus casas y señalando un colorido techo en zigzag que hizo de miles de marcos para fotografías, Phillips dijo: “Una tienda de marcos estaba deshaciéndose de muestrario antiguo, y yo estaba ahí esperando”.

Hasta ahora, ha construido 14 casas en Huntsville, que es su ciudad natal, en lotes comprados o recibidos como donaciones. Carpintero, electricista y plomero autodidacta, Phillips dijo que 80 por ciento de los materiales son salvados de otros proyectos de construcción, sacados de montones de basura o simplemente recogidos de los costados de la carretera. “No se puede desafiar las leyes de la física o los códigos de construcción”, dijo, “pero más allá de eso, las posibilidades son inagotables”.

Aunque las casas están dirigidas a individuos de bajos recursos, algunos de los compradores originales no pudieron conservarlas. Para desilusión de Phillips, la mitad de las casas que construyó han sido perdidas en juicios hipotecarios; los pagos oscilaban entre 99 y 300 dólares mensuales.

Algunas de esas personas simplemente desaparecieron, dejando las propiedades penosamente sucias y deterioradas. “Uno puede meter a alguien en una casa nueva, pero no se le puede dar una nueva mentalidad”, dijo Phillips.

Aunque las casas han sido revendidas rápidamente a compradores más ricos, Phillips sigue fervientemente empeñado en su visión de construir para personas de bajos ingresos. “Pienso que las casas móviles son una plaga para el planeta”, dijo. “La vivienda atractiva y barata es posible, y lo voy a probar”.

Liberado por necesidad de lo que él llama la “tiranía del dos por cuatro y cuatro por ocho”, los tamaños comunes de los remaches y las hojas de madera, respectivamente, Phillips hace uso de cortes desechados por otros constructores; los une clavándolos para formar emparrillados resistentes y visualmente interesantes. También hace uso de ladrillos desiguales, fragmentos de azulejos de cerámica, espejos rotos, fondos de botella, corchos de vino, DVDs viejos e incluso huesos de los corrales de ganado cercanos.

Para este constructor cualquier cosa desechada y durable es un material de construcción potencial. Así hizo un colorido techo en zigzag con miles de marcos para fotografías desechados de antiguos muestrarios.
“No importa si no se tiene un conjunto completo de algo, porque la repetición crea el patrón, la repetición crea el patrón, la repetición crea el patrón”, explicó reiterativamente Phillips, que es delgado y nervudo con una larga cola de caballo encanecida y un bigote poblado. Se aferra a los descansabrazos de su asiento mientras habla, como si su energía latente pudiera de otro modo catapultarlo de la silla.

Consultoría con expertos

Las casas de Phoenix Commotion cumplen con los códigos de construcción locales, y Phillips frecuentemente consulta con ingenieros, electricistas y plomeros profesionales para asegurarse de que sus diseños, planos y trabajo sean sólidos. Marsha Phillips, su esposa por 40 años y ex maestra de arte de preparatoria, examina sus planos para favorecer la estética.

“No tiene que rehacer las cosas a menudo”, dijo Robert McCaffety, un maestro electricista local que ocasionalmente inspecciona el cableado de Phillips. “Hace todo de manera muy pulcra y bien pensada”. Describiendo a Huntsville como una “ciudad bastante conservadora”, McCaffety dijo: “Hay personas que sus casas son bastante feas, pero, en general, la gente apoya lo que hace y piensa que es benéfico para la comunidad”.

En realidad, funcionarios municipales trabajaron de cerca con Phillips en 2004 para establecer un almacén de materiales de construcción reciclados donde constructores, cuadrillas de demolición y fabricantes de productos de construcción pueden depositar artículos que de otros modo arrojarían al vertedero. No hay tarifa de recepción, y las donaciones son deducibles de impuestos porque los materiales son usados exclusivamente por grupos de caridad o para viviendas de bajo costo.

“He estado reciclando toda mi vida, y nunca se me ocurrió reciclar una puerta”, dijo Esther Herklotz, superintendente de desechos sólidos de Huntsville. “Dan ha cambiado la forma en que hacemos las cosas aquí”.
Funcionarios en Houston también han consultado a Phillips antes de abrir un almacén similar este verano, y otras ciudades, incluidas Bryan, Texas; Denham Springs, Louisiana; e Indianápolis, Indiana, lo han contactado para preguntarle cómo hacer lo mismo.

Phoneix Commotion emplea a cinco obreros de construcción con salario mínimo, pero Phillips también requiere la mano de obra del eventual residente de la casa; tiende a favorecer a las madres solteras pobres porque su propio padre los abandonó a él y su madre cuando él tenía 17 años, lo cual los dejó en una situación financiera difícil. “Mi único requisito es que tengan buen crédito o ningún crédito, pero no un mal crédito”, dijo.

Sueño hecho realidad

Una de sus casas pertenece a Gloria Rivera, una cajera en una tienda de donas, que construyó la casa con Phillips y su propio hijo adolescente en 2004. Antes de entonces, vivía en una casa móvil rentada. Construida casi totalmente de materiales rescatados y donados, la casa de madera de 56 metros cuadrados está pintada de azul rey con varios cuadrados de azulejos rojo, marrón y fucsia pegados a la orilla desigual.

Dentro, hay mármol de Toscana importado en el piso, aunque los azulejos no son de tamaño uniforme, y brillantes paredes de estuco amarillo que Rivera dijo ella texturizó usando su pulgar. “No es perfecta, pero es mía”, dijo Rivera, tocando el estuco, que parece betún de crema muy denso y muy desordenado. “Le llamo mi casa de muñecas”.

Las casas de Phoenix Commotion perdidas en juicios hipotecarios han sido revendidas a compradores de clase media que aprecian no sólo su individualidad sino su eficiencia energética, que es también parte de la filosofía de construcción de Phillips.

Susan Lowery y Alfredo Cerda, que trabajan en el Departamento de Seguridad Interior de Estados Unidos, compraron una casa de Phoenix Commotion después de que el dueño de bajos ingresos a la que estaba destinada no pudo manejar la hipoteca. Tiene mosaicos en las paredes y mostradores hechos de fragmentos de azulejos rotos y pisos suaves hechos de corchos de vino. “A mi esposa le gusta la casa porque no se parece a la de nadie más, pero, como hombre, lo que me gusta es que tiene un techo de metal galvanizado que nunca tendremos que reemplazar”, dijo Cerda.

Phillis dijo que le molestaba cuando sus viviendas de bajo costo “ascendían socialmente”. Pero si eso conduce a una aceptación de los materiales de construcción reciclados y un alejamiento de la construcción estandarizada, dijo, “estoy de acuerdo con ello”.

Empresario con agenda social

Aunque tiene una agenda social, Phoenix Commotion no es una empresa sin fines de lucro. “Quiero demostrar que se puede ganar dinero haciendo esto”, dijo Phillips.

Dijo que ganaba lo suficiente para vivir pero que no se estaba enriqueciendo. Aunque declinó ser más específico, admitió que el negocio se ha vuelto más lucrativo a medida que él ha ganado experiencia en la construcción. Ahora le toma seis meses construir una casa en vez de los 18 meses que le tomaba cuando empezó.

Pero Phillips dijo que su mayor recompensa era

dar a personas menos afortunadas la oportunidad de ser dueña de una casa y verlas desarrollar un sentido de satisfacción y autodeterminación en el curso de su construcción.
Un ejemplo es Kristie Stevens, una madre soltera de dos hijos en edad escolar que obtuvo un título universitario la primavera pasada mientras trabajaba de medio tiempo como gerente de restaurante y de banquetes. Ha pasado los meses transcurridos desde su graduación martillando en lo que será su casa.
 

 

“Si algo sale mal en esta casa, no tendré que llamar a alguien para repararlo, porque sé dónde están los cables y tuberías; puedo hacerlo yo misma”, dijo. “Y si las paredes son poco firmes, será mi culpa pero también mi orgullo”.

Fuente: New York Times

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