Bolsos hechos de basura reciclada, ayudan a escuela en México

Artesanas mexicanas elaboran accesorios de diseño con envoltorios desechados de chocolatinas y otros productos, gracias a un proyecto galardonado este mes por la ONU, cuyos ingresos sostienen una comunidad de casi cien familias con pocos recursos que incluye una escuela para niños.

La Fundación Mitz (‘para ti’ en la lengua nahuátl) gestiona esta iniciativa, que conjuga el comercio justo y las energías renovables con la aportación de autosuficiencia y educación a una zona desfavorecida de Huixquilucan, en la periferia de la capital mexicana, un municipio en el que residenciales de lujo conviven con casas que no disponen de drenaje ni agua.

Recién llegada de Ruanda, donde el pasado 3 de junio recogió el premio de la ONU al ‘Mejor proyecto reciclador de residuos industriales’, su fundadora, Judith Achar, explicó  en qué se basa el reconocimiento a este proyecto.

“Por un lado, hacemos a la gente productiva y responsable de su desarrollo. Y, por otro, nuestra columna vertebral es un proceso ecológico y respetuoso con el planeta”, declaró.

La Casa De Los Niños de Palo Solo una de las pocas escuelas Montessori de México que atiende a niños con pocos recursos, se construyó hace más de veinte años sobre un vertedero.

Las madres de los alumnos, preocupadas por su situación económica y por no poder abonar la cuota, buscaron una forma creativa de aportar fondos a la escuela. Y la basura que un día ocupó el terreno de esta Casa de los Niños les dio la respuesta.

Una vieja técnica nahuátl para tejer hojas de palma, ya aplicada a materiales de desecho por mujeres de la zona, ha permitido a Mitz reciclar unas cuarenta toneladas de residuos industriales a lo largo de su historia.

Cada mes, salen de Huixquilucan entre 2.000 y 3.000 bolsos, cinturones, agendas, neceseres, estuches y fundas para móviles, que se venden cada vez mejor en Estados Unidos y varios países de Europa, donde el comercio justo, comentó Achar, “es muy aplaudido”.

Los precios de estas piezas oscilan entre los doscientos y los 1.800 pesos (entre quince y 140 dólares).

“Los donativos y la caridad son bienes finitos, y quienes dependan de ellos no encontrarán un futuro. Por eso, las instituciones sociales tienen que ser copartícipes de la generación de sus propios recursos”, reflexionó.

Este principio de autosuficiencia es el mismo sobre el que, en base a las enseñanzas de la educadora italiana María Montessori, se edificó esta Casa de los Niños de Palo Solo.

En sus luminosas aulas, 250 niños de todas las edades aprenden en un ambiente de respeto a la individualidad, donde cada uno puede decidir, desde edades muy tempranas, si prefiere dedicar la mañana a la geografía o a las matemáticas.

Un niño pela naranjas para el desayuno y otro se afana en limpiar el cristal de la puerta de la clase mientras sus compañeras aprenden la tabla de multiplicar con los ábacos que en su día diseñó Montessori, tan coloridos como los productos que tejen sus madres.

El cien por cien de las ventas de los originales accesorios regresa a la comunidad que tanto está cambiando gracias a ellos. Un cincuenta por ciento retribuye a las artesanas, un veinte por ciento se destina a la escuela, otro tanto financia la manufactura y un diez sufraga gastos de operación.

El impacto de este proyecto, prosiguió, llega a “muchas más personas de las que están registradas en la cooperativa”.

Alcanza, por ejemplo, a las empresas que donan los residuos (Mars, Pepsico, Pedigree y Starbucks, entre otras), que adquieren responsabilidad social, y también a los familiares de las artesanas, que las apoyan desde sus domicilios.

“Si entrásemos por la tarde en sus casas, encontraríamos a los padres, madres, maridos, abuelas e hijos trabajando alrededor de la mesa”, aseguró Achar.

De momento, los bolsos y monederos trenzados han aportado unas 2.500 becas a la escuela, además de “dignidad”, un valor que rezuman todas sus aulas y que Achar quiere que los niños enseñen a sus familias.

La responsable de Mitz pretende que las ayudas aumenten mes a mes y, para ello, trabaja ahora en la comercialización de estos productos en tiendas de aeropuertos de México y en la reproducción de este modelo en otras comunidades.

A la biblioteca de la escuela llega el sonido de la clase de música, donde los niños se coordinan como lo hacen las artesanas en el taller. Frente a las estanterías repletas de libros, un cartel con la frase: “El pueblo que lee es un pueblo rico”.

Fuente: El Universo

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2 pensamientos en “Bolsos hechos de basura reciclada, ayudan a escuela en México

  1. ME PARECE UNA OBRA LINDISIMA, TAMBIEN RECICLO ELABORO ROSAS, ORQUIDEAS, AMAPOLAS Y OTRAS CON BOTELLAS , ME GUSTARIA SABER COMO LOS ELABORAN, VIVO EN COLOMBIA

  2. Pingback: Tweets that mention Bolsos hechos de basura reciclada, ayudan a escuela en México « Te Quiero Verde -- Topsy.com

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